10 situaciones que “sufres” cuando tu pareja es alemana

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Por amor uno es capaz de dejar su país, cambiar de trabajo, aprender un nuevo idioma… ¡Qué romántico!
Pero más adelante descubres esas otras cosas del día a día que nadie te había contado sobre convivir con un germano.

Si tu media naranja es alemana, seguro que te has encontrado ya con muchas de estas curiosas situaciones:

 

 

1.- Desafortunadas confusiones

 

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Aunque después de varios meses (o años) hayas conseguido aprender y manejar este “facilísimo” idioma, sin duda la barrera lingüística te pondrá en más de un aprieto.

Por ejemplo, imagina un día tus padres vienen de visita desde España y estáis toda la familia tuya y de tu pareja en la mesa desayunando alegremente. Entonces tu suegra pide que le pasen la mantequilla (Butter), que así dicho rápido en alemán suena como pu-ta, y tu madre se te queda mirando en plan “¿¿Qué me ha dicho??”

O peor. El momento de no saber si tu pareja está diciendo “Ja!, Ja!” de “¡Sí!, ¡Sí!” en alemán, o quiere decir el  “¡Ya!, ¡Ya!” en español de que ya está, que pares. Esto puede llevarte a desafortunadas confusiones…

 

 

2.- Eligiendo peli y palomitas

 

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Es sábado por la tarde en mitad del oscuro y frío invierno alemán, la excusa perfecta para ir al cine o verte una peli en el sofá con tu pareja.

Pero llega la eterna pregunta… ¿Qué peli vemos? Si ya es difícil ponerse de acuerdo entre el último estreno de acción con sangre y tiros o la comedia romántica de moda, además hay que decidir si se ve en alemán, en español o en versión original (inglés mayormente).

Porque aunque el alemán lo entiendas más o menos bien, no pillas los detalles, así que a cada rato tienes que preguntar “¿Qué ha dicho?” o “¿Qué significa esa palabra tan rara?”. Y cuando todo el mundo salta a carcajadas en la sala con algún chiste, tú te quedas con cara de poker y una media sonrisa de “me río…o no me río…?”.

Al final, para evitar discusiones, acabáis viendo la última peli de Pixar, que será para niños pero se entiende muy bien 😛

Y luego encima en los cines alemanes no tienen palomitas saladas, sólo dulces. Y cuando preguntas te miran como si pidieras algo de otro planeta. ¿Palomitas saladas? ¿¿Con sal?? No es posible. Geht einfach nicht!!

 

 

3.- Hacer buenas migas con los suegros.

 

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Conocer a los padres de tu pareja es ya un paso importante en la relación. Y como quieres ganártelos, hay que caerles bien a la primera y causar una buena impresión.

Pero cuando tu pareja es alemana, ya no se trata solo de pillarle la gracia a los chistes de tu suegro, sino de entender qué carajo dicen y buscar esa delgada linea entre lo familiar y lo educado, que en estos casos resulta muy complicada de encontrar.

La situación se vuelve aún más interesante cuando son tus padres los que conocen a los padres de tu pareja: reunión de consuegros en alemano-spanglish.

Eso si tienes suerte y todos hablan inglés, porque si no la situación no pasa de comunicarse con señas y sonrisas de “no me empapo de nada”.

O tus padres se ponen a hablar en español, pero muy despacio y gritando mucho, como si eso fuera mágico y así todos pudieran entenderles.

 

 

4.- ¿Dónde vamos de vacaciones?

 

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Una de las consecuencias de ser expatriado es que la mitad de tus vacaciones se te van en visitar a la familia en España.

Así que a la hora de elegir vacaciones, hay que ponerse de acuerdo con tu pareja alemana: ¿viajar a algún destino nuevo y exótico, o pasar unos días viendo a los parientes?

Si decides aprovechar para llevar a tu pareja a las fiestas del pueblo, a lo mejor a tu chica no le apetece pasar 5 días a base de bocatas de chorizo, bota de vino y siesta.

Si le llevas a lo más typical spanish, igual se marcha asustada al ver los encierros y petardos, los borrachos de verbena y los muchachos que tiran a las mozas al pilón.

 

 

5.- No te comas mi plato

 

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 No voy a caer en el tópico de que “como en España no se come en ningún lao“, pero está claro que con nuestra dieta mediterránea comemos casi de todo.

No te extrañe que tu pareja alemana se sorprenda (o asuste) cuando vea las patas de cerdo colgando en los bares y le hagas probar nuestros manjares ibéricos: los callos (tripas de vaca), la morcilla (sangre de cerdo con arroz) y la asadura (hígado, pulmón y corazón de cordero con cebolla).

Definitivamente, no es una dieta para estómagos delicados.

 Si además tu pareja alemana es vegetariana (cosa bastante común por allí), entonces lo va a tener difícil cuando te la lleves de tapeo por los baretos españoles.

En un menú ibérico estándar, pocos platos se conciben sin ingredientes que vengan de algún bicho. Aquí, hasta las aceitunas van rellenas de anchoa. Tócate los Eier.

 

 

6.- Discutiendo en diferido

 

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Si hay algo que facilita la relación a la hora de discutir es tener idiomas distintos.

Las discusiones acaban mucho más rápido porque, al estar tan alterado, no sabes qué decir, no encuentras las palabras que necesitas o no conoces todavía la suficiente cantidad de improperios y palabrotas para expresarte como lo harías en España.

Y entre que procesas lo que te han dicho y traduces una respuesta ingeniosa al Deutsche Sprache, ya se te han quitado las ganas de seguir discutiendo. Lo cual es una ventaja, porque muchas veces discutes por tonterías, por no pararte a pensar en frío. 

También hay parejas en las que cada uno discute en su lengua, porque el otro ya la puede entender. Y es realmente gracioso ver a una enervada española que le grita algo a su novio en castellano con deje andaluz, mientras el otro bigardo rubio responde en alemán con acento bávaro. Eso no puede durar serio más de 5 minutos xD

 

 

7.- ¿Con qué equipo vas?

 

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Cada dos años toca verano futbolero: Eurocopa o Mundial. Y entonces tofos nos volvemos un poco fanáticos y mostramos orgullosos los colores del país.

El problema llega cuando tu pareja des alemana y el destino junta a su equipo con el tuyo en unas semifinales… Corres un grave riesgo de acabar durmiendo en el sofá esa noche. 

Otro tema son los amigos que invitas a casa a ver el partido. Si son de ambos equipos, la cosa puede ponerse al rojo vivo como lleguen a la prórroga.

Si prefieres un bar para ver el partido con tu pareja, elige bien los colores de la bufanda que te pones por si te sale algún hincha del equipo que no es…

 

 

8.- Mis amigos molan más

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Llega el finde y toca elegir plan. Si tu pareja es alemana, seguro que quieres compartir la juerga con él o ella.

El problema llega cuando uno dice…: “Yo no salgo con tus amigos alemanes, que son unos sosos. Siempre quedan prontísimo, para ellos volver tarde es llegar a casa a las 2 de la mañana ¡Wow! En españa a esa hora ENTRAMOS a los garitos… ¬¬  Además, cuando quedamos, no entiendo sus chistes ni su gran amor por los juegos de mesa. Y luego de fiesta, si lo das todo bailando, se apartan y te miran como si estuvieras drogado!!”

Y entonces el otro responde…: “Pues tus amigos españoles están todos locos. No paran de dar voces, de meterse unos con otros y darse collejas. Se van a beber a un parque en mitad de Ferbero, ¡Febrero! y encima le ponen cubitos de hielo. ¿¿A quién se le ocurre?? Y cuando dices que te vas a casa, siempre es demasiado pronto para ellos y hay que quedarse a tomar “la última”, que significa hasta que salga el sol. Y luego se pasan todo el fin de semana tirados en la cama, contando por facebook y wassup lo destrozados que están.”

Y claro…¿con quién te quedas?

 

 

9.- ¿Qué nombre le ponemos al crío?

 

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Si la cosa va más seria y ya llegáis a tener el primer niño, llega la eterna discusión del nombre. A ver cómo hacemos para que el chaval no sufra de collejas permanentes en el colegio…

Ninguno quiere que sus raíces se pierdan, pero claro, llamar a tu hijo Frauke Gutiérrez  o Manolito Wittgenstein es condenarlo a contar el resto de su vida la historia de su nombre.

Al final se suele quedar en un nombre larguísimo estilo Johannes Alberto Zimmermann García, para compensar, y así que el chaval elija cuando tenga uso de razón. Aunque las collejas le van a caer igualmente.

 

10- ¡Cuéntame la tuya!

 

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Rener Frank

Tras estudiar Ingeniería Mecánica y 3 años de rutina laboral, un verano de voluntariado scout en los Alpes suizos y una dulce alemana resetearon mis prioridades.
Dejé mi aburrido trabajo de oficina para irme a cuidar un castillo medieval en los bosques de Baviera. Después de varias aventuras por Europa me establecí en Frankfurt, donde vivo actualmente. Pero siempre con nuevos proyectos en mente y pensando en el siguiente paso!
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