15 maneras de reconocer a un español en Alemania

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Ser español se nota, y aunque estemos en otro país siempre hay cosas que nos delatan.

Si vives en Alemania seguro que te identificas con muchas de estas situaciones:

 

 

1-      Siempre traemos comida de casa

 

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No podemos resistirlo. Cada vez que vamos a casa nos traemos media maleta llena de comida. Todas esas cosas que no encontramos fuera y que tanto echamos de menos de nuestra dieta mediterránea.

Los del control de equipajes se deben quedar locos cuando ven pasar por el escáner nuestra maleta llena de latas de callos y fabada, e incluso tuppers con lentejas y croquetas de la abuela. O cuando los perros antidroga se acercan a tu equipaje porque huele a morcilla de Burgos, queso de oveja y lomo embuchado.

 

 

2- La fiesta se nos acaba demasiado pronto

 

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Lo de quedar pronto como hacen los alemanes tiene sus ventajas. Así puedes dormir unas cuantas horas más y no ser un cadáver ambulante al día siguiente. Sin embargo, es una costumbre que nos cuesta coger, y siempre habrá alguien que en mitad de la fiesta diga eso de “Pues yo en España ahora estaría saliendo de casa”.

También está el que suelta la de “¿¿Pero ya te vas, tan pronto??” aunque esté cerrando el último bar y no quede nadie por la calle. La costumbre de pensar que no ha sido una gran noche si no acabas desayunando churros y con gafas de sol.

 

 

3- Se nos “hace bola” la cerveza

 

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En España estamos acostumbrados a la caña, el botellín y el tercio. Nos gusta beber a poquitos e ir pidiendo una cerveza tras otra. Y casi siempre con un platito de aceitunas o unos frutos secos para acompañar, que entran de lujo.

Pero cuando estás en Alemania y te plantan la jarra de medio litro o incluso de litro, con esas cervezas oscuras de trigo que parece que te estás bebiendo una barra de pan, cuesta lo suyo seguir el ritmo. Y encima a palo seco. ¡Ponle al menos unas cortezas o unos cacahuetes hombre!

 

 

 

4- La cabra tira al monte

 

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Todos lo decimos al llegar: “Yo no me junto con españoles, que quiero practicar el idioma.” La intención es buena, y al principio haces como que los esquivas y te dices a ti mismo “NOOOOO, nur Deutsch!, nur Deutsch!

Pero es que la tentación es muy grande, y a las pocas semanas ya te estás yendo de cañas al bar gallego de la esquina o jugando una partida de mus con los 3 españoles que conociste en la academia. No te sientas culpable, todos lo hemos hecho xD

 

 

5- Nuestras primeras palabras

 

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Es curioso cómo nuestra mente puede ser tan selectiva con los idiomas. Puedes pasarte 1 mes estudiando los verbos modales en alemán, que te seguirá costando recordarlos.

Sin embargo, cosas como pedir una cerveza, soltar tacos o decir obscenidades es de lo primero que se nos queda. Basta con que te enseñen una palabra cochina para que se grabe a fuego en la memoria. Y luego cuando en una fiesta te preguntan si hablas alemán, estas burradas es lo primero que se te escapa 

 

 

6- Saludamos como es debido

 

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El roce hace el cariño, y los españoles lo llevamos en los genes. Nos gusta tocar, abrazar, besar… transmitir emoción y energía cuando saludamos!

En Alemania eso no se lleva, pero si has renegado del “abrazo koala” y eres de los que se acerca a una alemana para dar dos besos, la chavala se echará hacia atrás y te mirará confundida como diciendo “Eeeehh… pero dónde vas!”, hasta que se de cuenta de que no tienes malas intenciones.

 

 

7- Comemos sin prisas

 

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En España nos gusta comer en grupo y despacio, disfrutando casi más de la conversación que de los platos. Una buena comida de domingo se disfruta tranquilamente y se alarga con postre, café, cigarro, copa… y si apuras se te junta con la cena y ya empalmas directamente.

Pero aquí, los alemanes al poco de terminar de comer ya se levantan a recoger los platos o empiezan a mirar el reloj como diciendo “bueeeeno, pues va siendo hora ya de irse, no?” y tú le miras en plan “pero qué prisa hay…”. El concepto de sobremesa no está muy extendido en Alemania, por lo que se vé.

 

 

8- Nos encanta el canturreo

 

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Ya sea en la ducha, pasando la aspiradora o volviendo a casa de fiesta a las 4 de la mañana, no dejamos escapar una ocasión para entonar o tararear alguna canción.

Si ya suena gracioso nuestro “wei-nai-no-nai” de los temas en inglés, cuando intentamos imitar las canciones alemanas que escuchamos por la radio es todavía más penoso ♫ ♪ Vía bleim dor pis di volquen bidar lila sin…la la laaa ♫ ♪

 


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9-   Se nos ve en la cara

 

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Debemos tener una especie de radar invisible, pero es curioso que cuando vas por la calle a veces te fijas en la cara de una persona y piensas “¡Ese es español, fijo!”.

Luego al rato le ves con un libro en castellano o le escuchas hablar alemán con acento sevillano y confirmas tus sospechas. La próxima, acércate a decir hola  🙂

 

 

10- Nuestra siesta es sagrada

 

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Hay costumbres difíciles de olvidar, y la siesta es sin duda una de ellas. Si estás de fin de semana, acabas de comer y aún queda toda la tarde por delante, qué mejor que un buen sueñecito en el sofá para despejar y hacer la digestión en condiciones.

Cuando los alemanes quieren quedar a  las 3 de la tarde un domingo (vaya horas), te lo planteas seriamente y al final acabas por decir eso de “Id yendo vosotros que luego os llamo…  ZZZzzz…”.

  

 

11- Necesitamos hablar MAS ALTO

 

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Aunque al principio resulta difícil, con el tiempo te acabas habituando al volumen de voz de los alemanes. Al final hablamos más bajito y con esa energía comedida tan característica.

Pero en cuanto otro español se mete en la conversación, de repente nos sentimos como en casa. Empezamos a hablar más deprisa y más alto, moviendo las manos y los brazos, a reír a carcajadas… vamos que nos falta tiempo para sacar todo el “salero” que llevamos dentro

 

 

12- Orgullos y prejuicios de casa

 

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Nos encanta hablar de España en el extranjero. Tanto alardear de sus atributos como quejarnos de todo lo que va mal. Igual un día te preguntan y sólo hablas de la crisis, de lo mal que está todo, de que no hay quien viva ahí decentemente y que por eso te ha tocado emigrar.  

Pero luego al día siguiente te preguntan de nuevo y todo son elogios al buen tiempo, la buena comida, el carácter mediterráneo… Vamos que según nos dé, acabamos describiendo dos países muy diferentes.

 

 

13- Domingos de Skype

 

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Muchos españoles cumplimos con nuestro rito semanal de expatriado. Es domingo por la tarde y toca llamar a los padres, la abuela, los colegas… Ese rato en el que por un momento te olvidas de que vives a 2000 Km de casa y te pones al día de lo que se mueve por allí.

Siempre tienes los típicos problemas de “Te oigo pero no te veo”, “Está muy oscuro, enciende alguna luz”, o “Se te escucha fatal, mejor vete al salón que habrá más cobertura”. Además, nuestros compañeros de piso ya tienen asumido que al hablar con mamá se nos oye por toda la casa. ¿Pero qué haríamos sin esos ratos tan majos de Skype?

 

 

14-   Nuestro humor castizo

 

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Que te hagan gracia las bromas en otro idioma es complicado, ya que no sólo tienes que entender las palabras sino también el doble sentido que llevan. Por eso cuando nos juntamos entre españoles nos encanta sacar ese humor castizo, chabacano y casposillo que solo nosotros entendemos.

Podrías hacer el intento de explicárselo, pero no esperes que un alemán se ría con un sketch de La Hora Chanante o los monólogos de Goyo Jiménez. Imagínate a un alemán contando un chiste de chiquito y haciendo eso del “Comorrll??” No lo veo xD

 

 

15- ¡Comparte tus experiencias!

 

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Tras estudiar Ingeniería Mecánica y 3 años de rutina laboral, un verano de voluntariado scout en los Alpes suizos y una dulce alemana resetearon mis prioridades.
Dejé mi aburrido trabajo de oficina para irme a cuidar un castillo medieval en los bosques de Baviera. Después de varias aventuras por Europa me establecí en Frankfurt, donde vivo actualmente. Pero siempre con nuevos proyectos en mente y pensando en el siguiente paso!
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