INSATISFACCIÓN: 3 Caminos, 3 Historias

3-Ways

En mi anterior Post “ODIO MI TRABAJO: combate tu insatisfacción laboral” te mostraba los 3 caminos posibles ante un trabajo o situación que ya no te gusta: LLORIQUEAR sin hacer nada, CAMBIAR las circunstancias o ADAPTARSE a las circunstancias.

Como la teoría sin aplicación no tiene sentido, aquí te cuento 3 historias personales sobre cómo y cuándo tomé cada uno de estos 3 caminos.

 

 

Primera opción: QUEJARSE Y LLORIQUEAR

Mis 2 años de mediocridad universitaria

 

quejas

 

Durante la época universitaria, nuestra responsabilidad “laboral” es aprender determinados conceptos y aprobar una serie de exámenes, hasta alcanzar el tan deseado título. Nuestra profesión es ser estudiante, y esta “situación laboral” también puede crear una gran insatisfacción si las circunstancias no acompañan.

Cuando en Septiembre de 2004 comencé mis estudios en Ingeniería Mecánica, partía de la base de que esta carrera iba a ser muy difícil y que el listón estaba extremadamente alto

Nunca he sido mal estudiante, aunque tampoco destacaba como el primero de la clase. En el instituto tenía una buena media, pero sin ser número 1. Así que al empezar una ingeniería en la Politécnica de Madrid asumí que las exigencias iban a ser muy superiores, y por lo tanto mi esfuerzo debería aumentar en consecuencia.

 

Sin embargo, en vez de afrontar el reto con decisión y esfuerzo, me escudé en la excusa de que todo era muy difícil y que no pasaba nada si suspendía algunos exámenes, porque era lo normal durante el primer año.

Como consecuencia de este auto-engaño, mi esfuerzo y dedicación dejaron bastante que desear. En las clases me ponía a copiar la pizarra o los Power Point sin prestar demasiada atención; dejaba algunos temas a medias en los apuntes y más de una clase me la saltaba para jugar al mus en la cafetería. Claro, ¡tenía que descansar de tanto estrés!

El resultado es que me llevé una buena hstia en los primeros finales de febrero, y necesité dos años para aprobar el primer curso por completo. Esto me retrasó con respecto al plan de estudios, pero sobre todo me invadió una sensación de mediocridad enorme.

 

Todos los días me preguntaba ¿realmente merece la pena? ¿y si no doy la talla? ¿por qué sigo metido en esta oscura facultad cuando podría estar aprobando curso por año en el césped de la Autónoma?

Pero en vez de buscar el error en mi esfuerzo o mis métodos de estudio, le echaba todas las culpas a la universidad y al nivel de exigencia de la carrera. Empleaba muchas horas en la biblioteca, pero no las aprovechaba bien. Al final acababa perdiendo el tiempo en tonterías, y ni me cundía estudiando ni salía por ahí con mis amigos todo lo que quería. Estaba atascado y muy insatisfecho, pero para mí la culpa de todo la tenía la maldita Politécnica, no yo.

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Realmente no quería cambiarme de carrera, porque yo siempre había querido ser ingeniero y es lo que quería estudiar. Pero le tenia un tedio enorme a mi facultad, los profesores, el método de enseñanza y mi vida de estudiante en general.

Es cierto que había un factor de esfuerzo muy alto. Recuerdo listas de notas en las que el número de aprobados apenas llegaba al 30%, exámenes semestrales suspensos con 4.9, profesores que se pasaban 6 meses hablando parta el cuello de su camisa y luego te ponían problemas con cosas que ni aparecían en los libros… Pero esto del “mal de muchos” no podía servirme como excusa.

 

Necesitaba re-orientarme y tomarme las cosas desde otra perspectiva. Después de dos años lloriqueando por no aprobar, de quejarme por las muchas horas que le echaba hincando codos y de lo injusto que era todo a mi alrededor, me di cuenta de que por mucho que te quejes nada va a cambiar si no lo cambias tú mismo.

A partir del tercer año me puse las pilas y sobre todo me mentalicé de que seguir quejándome a todo el mundo de lo dura y difícil que era mi carrera no me iba a ayudar a mi objetivo: aprobar los exámenes. Las cosas fueron mucho mejor y poco a poco fui tomando el ritmo necesario, hasta acabar los dos cursos restantes en algo más de dos años.

 

Cuando las circunstancias a tu alrededor son desfavorables y lo único que haces es buscar excusas para lamentarte, engañarte a ti mismo y dar penita, lo que consigues es sentirte como un fracasado, porque no estas luchando por mejorar.

 

 ***

 

 

Segunda opción: CAMBIAR LAS CIRCUNSTANCIAS

Por qué dejé mi trabajo como ingeniero de proyectos en Madrid para irme a cuidar un castillo en Alemania.

 

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Cuando acabé mis estudios de Ingeniería Mecánica, comencé a trabajar como técnico de proyectos en homologación de vehículos. Durante casi 3 años aprendí a estudiar y desarrollar la documentación necesaria para que un coche modificado pudiese pasar la ITV. Estaba metido de lleno en el mundo del tunning, y tenía el trabajo de ensueño para cualquier freak de los coches.

El problema es que a mí nunca me han apasionado los coches. Siempre los he visto como una máquina de transporte, no como un objeto de lujo y devoción. Además no sabía apenas nada del mundillo freak. Apenas podía distinguir un Polo de un Golf, mientras mi compañero de un vistazo sabía si ese Megane llevaba spoiler de serie o traía el kit deportivo.

La verdad es que el trabajo era cómodo. Tenía un buen jefe y compañeros agradables, pero no me gustaba lo que hacía. Le dedicaba muchas horas a un tema que sabía que nunca me iba a llegar a apasionar de verdad. Muchos de nuestros clientes eran apasionados de los coches, en algunos casos tuneros carne de parking del centeral. Y yo no me sentía muy identificado con ellos, la verdad…

 

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Así que después de mucho meditarlo, decidí que dejaría ese trabajo para buscar algo que me gustase más. En la carrera me especialicé en instalaciones industriales. Además, uno de los temas que más me interesaban era el diseño asistido por ordenador (CAD). Por otra parte, en Alemania había una gran demanda de técnicos, y mi novia alemana fue también una razón de peso.

Así que estaba decidido, quería irme a Alemania a trabajar como ingeniero de instalaciones y Piping-Software. Muy bien, pero… ¿cómo? La decisión estaba tomada, pero no sabía cual era el siguiente paso a seguir. No sabía hablar ni una palabra de Alemán, así que ese iba a ser el primer escollo a salvar. Además no podía aspirar a un trabajo sin el idioma, y no quería gastarme todos mis ahorros en 6 meses de academia y alquiler. Quería irme con algo seguro.

Miré de todo: voluntariados europeos, minijobs, programas de universidad, proyectos de copeeración o intercambio, campamentos juveniles… Pero nada ciajaba dle todo. Al final, gracias a una amiga (círculos sociales!!) supe de la existencia de un castillo en Alemania que funcionaba como albergue juvenil.

 

Contacté con el director y me ofrecí para colaborar como voluntario a cambio de casa y comida. Al tipo le sono bien la idea y me aceptó, así que al menos ya tenía mi primer año en Alemania cubierto. No cobraría dinero, pero tendría todos los gastos cubiertos. Y además aprendería alemán a base de hablar y escuchar a la gente.

Genial, el plan estaba en marcha. Pero ahora tocaba la parte más dificil: despedirme de la empresa. Y es que durante 3 semanas estuve pensando si la decisión sería la correcta o no. Tenía la cuerda atada y estaba ya de pié sobre el puente, pero me daba mucho miedo saltar.

Pero una soleada mañana de mayo me levanté y lo vi todo claro. Era el momento de cambair de vida. Ese mismo lunes me presenté en el despacho de mi jefe, le agradecí su tiempo y confianza y le informé de que en un mes dejaría mi puesto para irme a un cuidar un castillo en los bosques de Baviera.

Ya está, había pegado el salto y caía al vacío. Sin embargo, al contrario de lo que me esperaba, durante esos días posteriores a mi renuncia no sentía miedo al qué pasará (bueno, un poco sí ^^), sobre todo sentía una felicidad inmensa. La felicidad de saber que soy yo el que lleva el timón del barco.

 

3 años después de ese día me encuentro en Alemania con un empleo que disfruto en el lugar que deseo y con la chica a la que quiero. Y sobre todo tengo el orgullo de saber que llegué aquí gracias a mi propio esfuerzo y a una decisión arriesgada.

 

 ***

 

Tercera opción: ADAPTARSE A LAS CIRCUNSTANCIAS

Cómo la perspectiva me permitió mejorar radicalmente mi situación laboral. 

 

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Cuando encontré mi primer empleo como ingeniero en Alemania, me sentía realmente contento y motivado por haber alcanzado ese objetivo después de tanto esfuerzo. Si embargo, tras los primeros meses con la emoción de la novedad, me di cuenta de que lo que hacía no me llenaba especialmente.

Me hastiaba pasar 9 horas al día sentado frente a un ordenador, dibujando líneas y recibiendo llamadas y E-mails en alemán que apenas entendía, sin poder desarrollar mi potencial profesional debido al idioma. Además estaba muy perdido en el campo del software y sabía mucho menos que mis compañeros, así que cada tarde llegaba a casa con la sensación de ser un inútil y de estar malgastando mis años de juventud encerrado en una caja.

 

Me dí cuenta de que no era feliz con esa rutina laboral, y me preguntaba si realmente había merecido la pena tanto esfuerzo para al final llegar a ser un tonto útil, apalancado en una silla frente a un ordenador durante el resto de mis días. ¿Debería volverme a España? ¿Quizá probar en Sudamérica? ¿Vendero todo y viajar un año por Tailandia?

Además en el terreno personal tampoco pasaba por mi mejor momento. Mi novia alemana estaba de Erasmus en España, y en Frankfurt apenas conocía a gente con la que salir. Me di cuenta de que no era feliz por culpa de mi trabajo, y eso afectaba a todos los aspectos de mi vida. Así que en vez de seguir lamentándome cada día, tomé la firme decisión de cambiar esa situación lo antes posible.

 

piping2

 

A los pocos días comencé a trabajar en una empresa de Software industrial como trainee. Me iban a formar como experto de Piping-Software y Management Industrial, y además iba a poder mejorar con el idioma y practicar a fondo mis conocimientos de alemán. Era como un máster en lo que más me gustaba y sobre aquello que más me iba a valer en mi carrera profesional. Y lo mejor de todo es que no sólo no me costaba ni un duro, ¡sino que encima me iban a pagar por ello!

Pero, ¿cómo conseguí cambiar de trabajo tan radicalmente en pocos días? La verdad es que no fue enviando currículums a puñados, ni llamando a todas las puertas. Ni siquiera cambié de empresa. De hecho, mi jefe seguía siendo el mismo, y mis compañeros, y mi mesa con su silla y su ordenador. Aparentemente todo seguía igual. Pero entonces ¿qué había cambiado? Mi PERSPECTIVA de la situación, sencillamente.

 

En vez de ver el trabajo en alemán como un hándicap que me hacía sentir inútil, me lo tomé como una inestimable oportunidad de aprender y desarrollar día a día mis capacidades del idioma, directamente con clientes. Empecé a hacerme listas de vocabulario, consultar libros de gramática y pedí ayuda a mis compañeros para ayudarme a corregir mis errores en los E-mails y conversaciones telefónicas. Y vaya si funcionó 😀

 

Además, me tomé la rutina laboral como el medio perfecto para poder alcanzar mis objetivos pendientes. Durante mis horas de trabajo empecé a preguntar y a interesarme a fondo por el mundo del Piping Software, como si estuviera en una clase de máster. Mis jefes se dieron cuenta de mi interés y me ayudaban en todo lo posible, explicandome cada duda con detalle.

Por las tardes empleaba esa rutina establecida para motivarme a realizar actividades que en otro momento había dejado pendientes. Retomé mis clases de Karate, comencé este Blog y localicé a un simpático grupo de españoles expatriados con los que salir a tomar unas cañas de vez en cuando. Además visité a mi novia en un par de ocasiones, disfrutando del entorno Erasmus como si fuera un estudiante más.

Después de un par de meses con esta nueva visión en mi cabeza, aquel trabajo que tanto me había deprimido de repente lo veía como el trabajo ideal.

 

Cambié de trabajo, pero no de empleo. Todo era cuestión de perspectiva  🙂 

 

 

*****

 

¿Te has sentido identificado con alguna de estas situaciones?
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Rener Frank

Tras estudiar Ingeniería Mecánica y 3 años de rutina laboral, un verano de voluntariado scout en los Alpes suizos y una dulce alemana resetearon mis prioridades.
Dejé mi aburrido trabajo de oficina para irme a cuidar un castillo medieval en los bosques de Baviera. Después de varias aventuras por Europa me establecí en Frankfurt, donde vivo actualmente. Pero siempre con nuevos proyectos en mente y pensando en el siguiente paso!
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