El Skype con tu madre cuando eres expatriado

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Es un domingo cualquiera a las 6 de la tarde. Nubes grises cubren el cielo sobre un pequeño apartamento en Buckow, a las afueras de Berlín. Miguel cierra la puerta, se sienta frente al ordenador y se pone los cascos mientras el Skype arranca.

Y como cada domingo, a casi 2000 Km, espera Milagros, su madre, desde la soleada terraza en su casa de Móstoles.

 

 Biiip…Biiip


Biiip…Bii-CLICK!

 

– ¡Hola mamá!

– ¡Hola hijo! ¿Qué tal? ¿Me ves bien, me oyes?

– No mamá, te oigo pero no te veo. Tienes que darle al botón azúl, ese que tiene una cámara de vídeo pintada.

– Dónde? ¡Ah! El redondo y blanco ese. Ya está. Ahora me ves, ¿no? Hijo, si es que no me acostumbro a estas modernidades… Bueno, dime ¿Cómo estás? ¿Que tal la semana?

– Pues bien mamá, bueno ya sabes, lo de siempre. No paro de enviar currículums de lo mío, pero no sale nada. Me han llamado para una entrevista dentro de dos semanas, al norte de Múnich. Tiene buena pinta, pero ya no me fío. Recuerda lo que me pasó con aquel trabajo casi seguro de hace un par de meses, que al final cogieron a otro y me avisaron en el último momento…

 

– Bueno Miguelito, no te preocupes. Ya sabes que estas cosas llevan su tiempo. Cuando quieras darte cuenta, estarás trabajando de lo tuyo. Tú no te desanimes. ¿Y qué tal en el restaurante? ¿Alguna novedad por allí?

– Qué va, más de lo mismo. Estoy hasta las narices de poner cafés, fregar platos y recoger mesas… pero es lo que hay. Mis compañeros españoles están igual. Todos decimos que la semana que viene lo vamos a dejar para buscar otra cosa, pero cuando llega la factura del alquiler te lo piensas dos veces… Así que vamos tirando, hasta que haya más suerte.

– ¿Pero tan difícil está la cosa, hijo? ¿No dicen que hay tanto trabajo en el extranjero?

– Bueno, trabajo sí que hay, pero no es tan fácil de conseguir como lo pintan. Al menos trabajo decente. Y además, al principio son todo gastos y el dinero vuela sin darte cuenta. Cuando tienes que ir a hacer la compra al final del mes, te das cuenta del esfuerzo que es tener la nevera llena…

– Ayyyy que alegría me das al oír eso. Aunque a buenas horas te das cuenta… Claro, tantos años en casa con los papás a la sopa boba, pues ahora llega el mundo real a daros sopapos.

– Es que es un tema cultural, mamá. En el norte de Europa casi todos se independizan al cumplir los 18, y no veas si se nota.

 

– Ya bueno. Cada uno es de dónde es. Tú tampoco pensarás quedarte ahí toda la vida, ¿no?

– Pues ya veremos…. Cuando preguntas a los otros expatriados de por aquí cuánto tiempo piensan quedarse en Alemania, todos dicen “un par de años, un par de años, hasta que mejore la cosa”. Pero la “cosa” se ve que tarda en mejorar.
En fin… ¿y por casa qué tal? ¿cómo anda el barrio?

– Pues así así, hijo. La tele no deja de pregonar a los cuatro vientos que la crisis se ha acabado y que todo está mejorando, pero en nuestro barrio la situación sigue bastante regular.
Al hijo de Paquita, la del quiosco, le echaron el mes pasado de la empresa y no le dieron ni las gracias. Y la frutería de la esquina, la de toda la vida, ha tenido que cerrar después de 17 años. No sé cuándo crecerán por aquí esos brotes verdes de las narices…

– Bueno mamá, las cosas no cambian de un día para otro.

– Si Miguelito, pero no es sólo la situación, sino sobre todo la indignación de la gente. Aquí pasan los meses pero se ve poco cambio. La gente las pasa canutas para acabar el mes, mientras los que roban siguen sin devolver lo que han mangao y encima se ríen en nuestra cara.
Y para colmo, los jefazos de arriba que se supone que nos tienen que gobernar, están acojonaos por lo que pueda contar un niñato de 20 años y su amiga “la pechotes”. Parece de chiste, pero así está tu tierra, hijo.

 

– Pues sí, pero qué le vamos a hacer… desde fuera tampoco se ve mucho mejor. Con tanto español fregando platos y sirviendo mesas, nos estamos convirtiendo en la mano de obra barata. Y te hablo de amigos con buenas carreras que llevan uno o dos años así…

– Pues es una pena. En vez de tanto politiqueo no se dan cuenta de que lo único que quiere la gente normal es que dejen de reirse en sus narices. Una está harta de que la tomen el pelo.

– Si mamá. La verdad es que me siento afortunado. Aquí por lo menos tengo buenas expectativas. Muchos de mis amigos del barrio están de un trabajo a otro y sin poder irse de casa con casi 30 años.

– Mira, yo Estoy deseando que puedas volverte a España, pero cuando pienso en esta panda de golfos se me quitan las ganas, la verdad.
Tú aprovecha para mejorar con el idioma y disfrutar de la experiencia. Supongo que allí en Alemania se tomarán las cosas con mas seriedad, ¿no?

– Pues sí mama, pero  bueno, tienen sus cosas. A veces son casi demasiado serios. La gente es maja, pero entre el idioma y el frío es más complicado hacer amigos. Aquí cuando sales de fiesta, a las 2 o 3 ya estás en casa. No hay el mismo ambiente. Pero si sabes donde ir, también lo pasas bien. 
Pero cada dos por tres me llega una carta del ayuntamiento que no hay Dios que la entienda, con palabras de 20 letras y frases que ocupan un párrafo. Menos mal que mi vecina me echa una mano.

 

– Ya te irás acostumbrando a esas menudencias. ¿Y de tiempo que tal vais por ahí?

– Pues gris, nubes, frío, lluvia… Típico invierno alemán, un poco deprimente la verdad. Pero ya me voy acostumbrando.

– Bueno Miguelón, tu abrígate bien que allí hace un frío que pela. ¡Ah! Y un abrazo de tu padre, que ahora no está porque ha salido a no se qué recados. Nunca sé dónde se mete este hombre…
Ya hablamos la semana que viene, te dejo que se me quema la cena. Cuídate mucho hijo, que te echamos mucho de menos por aquí. Un beso y mucha suerte con la entrevista.

– Gracias mamá. Un abrazo a todos y nos vemos en un par de meses, que me voy a pillar vacaciones para el próximo puente y ya tengo los billetes 🙂

– ¡Qué bien! Pues entonces nos vemos muy pronto ¡Muchos besos!

– ¡Besos! ¡Hasta pronto!

 

***

 

Miguel cierra el Skype, apaga el portátil y se sienta en la cama. Escucha caer la lluvia en esa gris y fría tarde de invierno en Berlín, mientras recuerda el olor de su casa a la hora de la cena y el sabor de la tortilla de su madre.

Otra semana más.
Otra semana solo y lejos de casa.
Otra semana de gran aventura en el extranjero.

Ahora sólo queda seguir luchando. Venciendo cada día al clima, a las entrevistas y al idioma. Para conseguir finalmente esa vida cómoda y estable. Como inmigrante, sí, pero orgulloso de ello.

Y así, hasta la próxima ocasión en que vuelva a sentir esa felicidad que sólo se tiene al volver a casa.

 

La felicidad de volver donde alguien te quiere sin que vuelvas. 

 

*****

A todos los emigrantes, y a los que les echan de menos en casa.

ReneR 2015

 

 

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Tras estudiar Ingeniería Mecánica y 3 años de rutina laboral, un verano de voluntariado scout en los Alpes suizos y una dulce alemana resetearon mis prioridades.
Dejé mi aburrido trabajo de oficina para irme a cuidar un castillo medieval en los bosques de Baviera. Después de varias aventuras por Europa me establecí en Frankfurt, donde vivo actualmente. Pero siempre con nuevos proyectos en mente y pensando en el siguiente paso!
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