El contagioso virus del viajero ( y cómo tratarlo)

virus

Si te gusta viajar o lo haces a menudo, es conveniente que conozcas uno de los virus más contagiosos que puedes pillar por ahí. Para que estés prevenido y sepas cómo tratarlo.

Puedes pillarlo en cualquier país y en cualquier época del año. No distingue de sexos, ni razas, ni preferencias de destino.

Y es muy, muy contagioso.

 

Este virus se da más a menudo entre viajeros que entre turistas, especialmente entre los mochileros y aventureros que buscan esa experiencia más allá del turismo de masas.

Este virus al que me refiero no es propiamente una enfermedad, ni supone un riesgo para tu salud. Pero cuando te contagias de él, tienes un claro y único síntoma: unas ganas locas de seguir viajando. 🙂

 

Cómo se contrae el virus

El virus del viajero se puede pillar de muchas formas diferentes, pero por lo general siempre van unidos a un destino y una persona concretos.

Puede que hayas pasado ya por un período de incubación anterior. Que te hayas hecho algunas escapadas o que hayas visto París y Roma con tus tíos, y te entrase el gusanillo ese de viajar.

Pero siempre hay un viaje que marca el punto de inflexión. Uno de esos viajes que recuerdas siempre como tu metamorfosis de turista a viajero.

Y también suelen venir unido a una persona. Alguien que ya tiene el virus desde hace tiempo y te contagia de sus ganas de descubrir el mundo en primera persona.

Yo pillé el virus en Marrakech, hace ya unos años. 
En un corto pero muy intenso viaje de 4 días con mi amigo mexicano Jorgito.

Hicimos Couch Surfing con un par de locos estudiantes franceses. Nos hicimos 700km en 2 días, dentro de una pequeña furgoneta junto a otros 7 jóvenes mochileros. Dormimos en jaimas entre las dunas del Sahara. Cenamos el tradicional tallinn marroquí con un grupo de chavales locales.

Y vimos la noche estrellada más alucinante que he contemplado en mi vida. En la oscuridad y el silencio del desierto, los 9 al calor de una pequeña hoguera.

Cuando regresé a Madrid, ya estaba contagiado por el virus.

Sentado frente a mi ordenador en la oficina, miraba por la ventana recordando aquellos instantes tan intensos.
Y sólo pensaba en una cosa: ¿CUÁNDO VOY A HACER MI PRÓXIMO VIAJE?

 

Con Jorgito en el desierto de Marruecos

Con Jorgito en el desierto de Marruecos

 

Síntomas del virus

Lo malo de los viajes es que antes o después se terminan.

Y entre viaje y viaje, queda ese espacio de tiempo en medio en el que regresas a tu rutina, pero no puedes dejar de pensar en aquel nuevo destino al que le has echado ya el ojo.

Cuando todavía no has contraído el virus, una escapadita de fin de semana de vez en cuando y un par de semanas de resort en verano ya son suficientes para calmar tu hambre de ver mundo.

Pero cuando has pillado el virus no, amigo.

Cuando tienes el virus del viajero en las venas, una semana de todo incluido en Tenerife o un puente de 5 días en hotel rural te saben a poco. A muy poco.

Porque lo que quieres es irte lejos. Y sobre todo quieres descubrir algo diferente. Vivir experiencias nuevas e intensas. 

Sensaciones como acabar en un concierto de BeatBox en un bar underground del centro de Pristina. O colarte con 3 canadienses en la azotea de un banco bombardeado de Bosnia. O despertar entre las nubes fundidas de un lago en Macedonia. O que un monje ortodoxo de barba blanca te invite a pasar a su viejo santuario excavado en la roca, entre las montañas de Moldavia. O cocinar pizza casera en Siauliai, en casa de una simpática mujer lituana después de que te lleve a un lugar tan impresionante como el “Monte de las Cruces”. O que un párroco te invite a recorrer los pasadizos ocultos de la catedral de Ripon, O…

Podría seguir con la lista, pero creo que te ha quedado claro a qué me refiero 😉

Son esos momentos de los que el virus del viajero se alimenta.
Situaciones que nunca habrían ocurrido si siguieras sentadito en tu burbuja de confort.

Momentos en los que te sientes VIVO con mayúsculas.

 

Sintiéndome VIVO entre los lagos de Bled (Eslovenia)

Sintiéndome VIVO entre los lagos de Bled (Eslovenia)

 

Posología del virus

El problema viene cuando toca dosificar esas emociones tan intensas. Tu cuerpo pide más y más, pero la realidad te pone los pies en la tierra y te recuerda que para viajar necesitas:
A- TIEMPO
B- DINERO
C- ENERGÍA

Y que, casi siempre, la relación de estos tres factores es inversamente proporcional.

Si eres: 
ESTUDIANTE: tienes mucho tiempo y energía, pero te falta tiempo.
TRABAJADOR: tienes el dinero y la energía, pero te falta el tiempo.
JUBILADO: el tiempo y el dinero te bastan, pero te falta la energía.

En función de estas situaciones, puedes encontrar dos extremos opuestos:

DOMINGUERO: todavía no tiene el virus o lo ignora. Se contenta con 2 semanas de Benidorm al año y comer en asador una vez al mes.

NÓMADA: ha conseguido crear un sistema para generar ingresos desde cualquier parte del mundo. No está atado a nada ni a nadie y es libre de vivir donde quiera.

Y en medio de estos dos extremos es donde estás tú: Quieres viajar pero no puedes o no quieres romper con tu rutina.

¿Qué hacemos entonces? 

 

En los Alpes Suizos, donde pasé 3 meses inolvidables trabajando como voluntario

En los Alpes Suizos, donde pasé 3 meses inolvidables trabajando como voluntario

 

Evolución del virus

Si te encuentras en ese intervalo entre el Dominguero y el Nómada, la evolución de este virus del viajero suele ser cíclica, con un patrón de etapas bastante característico.

Pongamos un ejempo:

Mario García, 28 años. Estudió económicas y lleva 4 años en una buena empresa. Gana 2000€ al mes y tiene otros 10.000€ ahorrados en su cuenta.

Siempre ha querido viajar y ver mundo. Es de esos que se queda mirando los pájaros por la ventana mientras se prepara un café de máquina. De los que cuelga fotos de países lejanos y carteles de motivación en su cubículo de oficina.

Un día lee un post de estos que te abren los ojos y decide que es el momento de vivir el presente.

Al día siguiente renuncia a su puesto en la empresa, compra un billete a Bangkhok, vende todo lo que tiene menos su mochila y algo de ropa y se embarca en su nueva aventura.

Entonces vive los mejores 6 meses de su vida viajando por el Sudeste Asiático. Visita muchos países, conoce a un montón de gente y vive experiencias increibles. No repara en gastos.

Se aloja en hostels módicos, pero se apunta a cualquier actividad que sale: submarinismo, cayaking, puenting, rutas, restaurantes… Y compra varios vuelos para ir de un lado a otro.

Pero a los 6 meses le ocurre que está ya algo cansado de viajar. Siente que necesita un respiro. Dormir cada noche en una cama diferente y estar siempre de un lado para otro es emocionante, pero también agotador, y siente que no puede continuar con ese ritmo mucho más tiempo.

Así que decide que ya han sido suficientes experiencias y regresa a casa.

Entonces se encuentra de nuevo con su antigua vida. Pero ahora no tiene trabajo, y apenas le quedan ahorros. Su empresa ha cubierto ya su puesto y no tiene otras opciones de encontrar trabajo rapidamente.

Entonces durante otros 12 meses empieza de cero, haciéndose un hueco y luchando para llegar de nuevo a la rutina cómoda que tenía antes.

Asume una realidad que hasta ahora quería obviar: en el mundo real hace falta tener ingresos para poder vivir a gusto. 

Le resulta muy duro empezar de nuevo. Hacer entrevistas, buscar pisos baratos, pedir ayuda… Es un trago difícil, sobre todo cuando recuerda lo que tenía antes del viaje.

Sin embargo, después de un año de esfuerzo, lo consigue. Ya tiene su trabajo bien pagado, su piso alquilado, su novia y sus cachivaches electrónicos.

Vive feliz en su rutina cómoda de oficina, gimnasio y cervezas con los amigos. De vez en cuando una escapada de fin de semana y a seguir adelante.

Está contento porque esta rutina le permite alcanzar objetivos que necesitan de esfuerzo y dedicación continuados: aprender un idioma, jugar en un equipo, tocar un instrumento…

Sin embargo, todavía es de esos que se queda mirando los pájaros por la ventana mientras se prepara un café de máquina. De los que cuelga fotos de sus viajes por países lejanos y carteles de motivación en su cubículo de oficina.

Un día lee un post de estos que te abren los ojos y decide que es el momento de vivir el presente. Pero se da cuenta de que ya lo ha hecho, y que ha vuelto al punto de partida.

Se da cuenta de que no es un nómada, de que necesita rutina. Pero esa misma rutina, tras un tiempo, le hace sentir atado y hambreinto de experiencias más intensas.

Y vuelve otra vez a ese círculo…

 

Castillo de Rieneck, donde viví 9 meses después de dejar mi trabajo en Madrid

Castillo de Rieneck, donde viví 9 meses después de dejar mi trabajo en Madrid

 

Tratamiento del virus

Hasta ahora conozco 3 tratamientos efectivos para controlar el virus del viajero:

♦ Tratamiento para DOMINGUEROS: Olvídate de viajar. Suple tus ansias de viajero a base de videoconsola, comida rápida y series online. Embrutécete y con el tiempo llegarás a olvidar que el mundo es un lugar extraordinario que merece ser visto.

♦ Tratamiento para NÓMADAS: genera un sistema que te reporte ingresos pasivos y vete a viajar por el mundo, como hizo este señor. Requiere un esfuerzo previo muy grande, pero si es lo que quieres, a por ello.

*Contra-indicaciones de este tratamiento: no todo el mundo vale para ser nómada. Yo, por ejemplo, nunca podría vivir así.
A pesar de que amo viajar, me gusta tener un lugar de referencia. Un sitio en el que establecerme y que me de tiempo a llevar a cabo proyectos de medio plazo.
Y sobre todo, porque quiero estar junto a mi chica.
Pero todo esto son ya prioridades personales.

♦ Tratamiento del “Carpe Diem sí, pero con cabeza”: La idea es disfrutar del presente sin descuidar demasiado el futuro. Contar con un plan Post-Aventura.

Ejemplos:

– Busca un trabajo que organice viajes de negocios: aprovecha que tu empresa paga los billetes de avión y solicita 1 o 2 semanas de vacaciones antes o después del trabajo a desarrollar. Si el precio del billete es el mismo, no les importará demasiado.

– Solicita un par de meses o incluso un año de Gap Year o tiempo sabático. Si eres valorado en la empresa y argumentas tu decisión, puede que te lo concedan. ¿Por qué no intentarlo?

– Ahorra y viaja. Puedes trabajar como un animal durante un par de años en algún país de altos ingresos como Alemania, y luego utilizar esos ahorros para hacer un viaje largo por un país barato, como Tailandia o Bulgaria. En ese caso, te recomiendo mantener los contactos personales y laborales del origen para cuando regreses.

– Viaja con tus hijos, aunque sean pequeños. Hay mucha gente que lo hace y que cuenta experiencias muy positivas, como esta pareja. 

– Utiliza el método Turbo-Trip. Si te falta tiempo, aumenta la intensidad de tus viajes y exprimirás al máximo cada minuto on the road.

 

y lo más importante de todo:

^^ DISFRUTA DEL CAMINO ^^

 

Haciendo autostop entre la frontera Macedonia-Grecia y Tesalónica

Haciendo autostop entre la frontera Macedonia-Grecia y Tesalónica

 

***

 

Pues ea, ya estamos! Espero que hayas disfrutado con el post y que ahora puedas manejar mejor tu “virus del viajero” 🙂

Si quieres comentarme a mí y al resto de lectores tus experiencias con este curioso “virus”, tienes el apartado de comentarios a tu entera disposición.

Este año a mí me ha venido fuerte, así que para calmarlo me voy mañana a Nepal 2 semanas y en mayo otra semana a Georgia y Armenia. Ya te hablaré cómo es eso, contado al estilo ReneR ^^

 

Bonus: si te apasiona viajar, no te pierdas olivertrip.com, el nuevo blog de viajes de mi amigo Oli.  Merece la pena!!  😉

 

 

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Tras estudiar Ingeniería Mecánica y 3 años de rutina laboral, un verano de voluntariado scout en los Alpes suizos y una dulce alemana resetearon mis prioridades.
Dejé mi aburrido trabajo de oficina para irme a cuidar un castillo medieval en los bosques de Baviera. Después de varias aventuras por Europa me establecí en Frankfurt, donde vivo actualmente. Pero siempre con nuevos proyectos en mente y pensando en el siguiente paso!
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